Como todos los ciudadanos
soviéticos sirvió en el ejército
y luego se dedicó a los estudios, obteniendo
tres títulos: en lengua y literatura rusa, en
ingeniería y en marxismo-leninismo.
En 1971, un diploma universitario le dio el grado de
maestro. Sentía una creciente atracción
por las menores de doce años, y se colaba en
los dormitorios para verlas en ropa interior mientras
se masturbaba con la mano dentro del bolsillo. Más
tarde Chikatilo se refugió en el Comunismo, pero
su fijación con el dogma político rayaba
en la demencia.
A pesar de su problema, pudo encontrar una esposa,
y aunque era incapaz de mantener una erección,
sí podía eyacular. Logró alcanzar
en contadísimas ocasiones la suficiente erección
para dejar embarazada a su esposa, pero no dejaba de
pensar, que la naturaleza lo había castigado
castrándolo al nacer. Era un marido de carácter
estable y trabajador, un padre que nunca levantaba la
voz ante los hijos, un respetado miembro del partido
comunista que leía los periódicos y se
mantenía al corriente de la actualidad. Discreto,
vivía con la rigurosa austeridad que corresponde
a un verdadero soviético.
En la escuela en la que trabajaba, sus alumnos se reían
de él, le apodaban "el ganso" porque
sus largos hombros encorvados hacían que su cuello
pareciese alargado, y por que lo tenían por tonto.
Él no hacía nada por remediarlo, tampoco
cuando le empezaron a llamar "maricón",
ni cuando le pegaban arrojándole una manta por
encima o cuando lo sacaban de las aulas a patadas. Después
de cierto tiempo le adquirió tanto miedo a los
chicos que empezó a llevar un cuchillo a su trabajo.
El 22 de diciembre de 1978, Chikatilo mató por
primera vez a los 42, abordó en la calle a una
niña de nueve años de edad, y la convenció
para que se fuera con él a una cabaña
que poseía en las afueras de la ciudad. Sabía
como hablar a los niños, él mismo había
sido maestro y tenía a sus dos hijos. Una vez
allí la desvistió con violencia. Accidentalmente,
le hizo un rasguño del que brotó sangre,
hecho que le propició una erección inmediata,
estableciendo el vínculo fatal entre sangre y
sexo. Luego, sacó un cuchillo y se lo clavó
a la niña en el estómago. Con cada puñalada
notaba que se acercaba más al orgasmo, por lo
que no cesó de hacerlo hasta la eyaculación.
Chikatilo había intentado satisfacer su necesidad
sexual movido por la esperanza de llegar a ser igual
que los demás, pero no lo era. Su flacidez y
las burlas de las mujeres que se lo recordaban a cada
momento, era más de lo que podía esperar.
También se dio cuenta de que su placer no consistía
en acariciar los genitales ajenos, sino en maltratarlos.
Dos días después de este crimen la policía
encontró los restos de la niña en el río
Grushovka, y cerca de la cabaña de Chikatilo
una gran mancha de sangre. Los policías interrogaron
al hombre, pero acabaron inculpando a otro agresor sexual,
Alexander Kravchenko. Chikatilo era, por las paradojas
que marcaban sus actos, más dual que nunca.
Era el típico marido sumiso y asexual. Hacía
todo lo que su mujer le ordenaba o casi todo. Ella solía
desear los placeres del lecho con más frecuencia
que él, y eso les llevaba a frecuentes discusiones,
a que ella le recordase en todo momento lo taciturno
e inerte que era. Su acusación de haber molestado
sexualmente a los estudiantes le costo el trabajo, pero
gano uno nuevo en una fabrica en el que tenia que estar
viajando constantemente, siempre se estaba moviendo
lo cual le ayudaba a escoger sus nuevas víctimas.
Tres años pasarían antes de que Chikatilo
asesinara por segunda vez, el 3 de septiembre de 1981.
Su segunda víctima fue Larisa Tkachenko de 17
años de edad, la convenció de ir con él
al bosque para tener relaciones sexuales, pero fallo
en el intento por lo que ella se río de él,
esto lo enfureció, perdió el control,
estranguló a la mujer y eyaculó sobre
el cadáver, mordisqueo su garganta, le corto
los senos y en su frenesí se comió los
pezones. Luego, comenzó a lanzar aullidos mientras
bailaba una danza de guerra alrededor del cuerpo, dejó
el cuerpo sin vida con un palo enterrado. En esos momentos
supo que volvería a matar. Los dos primeros asesinatos
de Chikatilo tuvieron cierto carácter fortuito.
Es posible que, en ambos casos, sus intenciones fueran
solamente de índole sexual. Los gritos de terror
le excitaban, pero era el asesinato en sí lo
que presentaba para él el acto sexual supremo.
Su tercera víctima fue Lyuba Biryuk, fue raptada
de una villa y fue acuchillada 40 veces en el bosque,
le mutilaron los ojos esto se volvería algo común
en sus asesinatos, la firma mortal de Chikatilo.
Chikatilo asesinó a otras 3 personas ese año,
entre ellas se encontraba su primera víctima
masculina, Oleg Podzhivaev de 9 años de edad,
el cuerpo no se encontró pero Chikatilo afirmó
ser el responsable y que le había arrancado los
genitales, la prensa estaba enloquecida con el asesino
en serie, el modus operandi era siempre el mismo, sus
víctimas siempre se encontraban en los bosques,
con indicios de violencia y sadomasoquismo, y en ocasiones
les faltaban miembros a las víctimas, eran niños,
niñas y chicas jóvenes. Entre ellos había
muchos escapados de casa y retrasados mentales, pues
se dejaban convencer más fácilmente y
agradecían su ayuda en el laberinto del sistema
de transportes local, con el que no estaban familiarizados.
En 1984 asesinó a 15 personas, mientras el tiempo
entre sus asesinatos iba disminuyendo el número
de víctimas iba en ascenso. Chikatilo los elegía
entre la multitud en estaciones ferroviarias y en paradas
de autobús, y con algún pretexto, los
convencía para que lo siguieran a alguna zona
boscosa. Una vez allí les infligía numerosas
puñaladas (entre treinta y cincuenta). Casi todas
las víctimas sufrían la mutilación
de los ojos. A las adolescentes o chicas jóvenes
les seccionaba los pechos o los pezones, ya fuera con
sus afilados cuchillos o con los dientes. El útero
era extirpado con tal precisión que todos los
cirujanos de la provincia de Rosstov pasaron a ser sospechosos
en potencia. Mientras las violaba, se enfurecía
tanto por llegar tan rápidamente al orgasmo que
les machacaba la cara a golpes. Para ocultar su impotencia,
a veces, con la ayuda de una ramita, colocaba el semen
en la vagina de la víctima. En el caso de los
niños, los atacaba nada más hallarse a
solas con ellos en el bosque: un golpe para aturdirlos
con las manos atadas y unos golpes de cuchillo poco
profundos para establecer su dominio sobre ellos. Posteriormente
los mutilaba a mordiscos, les cortaba los genitales
o solamente extirpaba los testículos, que guardaba
a modo de trofeo. También arrancaba los ojos
de todas sus víctimas, quizás para evitar
encontrarse con sus miradas. En algunas ocasiones realizaba
estas amputaciones cuando la víctima se hallaba
aún con vida, aunque no consciente. En ninguno
de los casos se encontraron las partes del cuerpo seccionadas
en las cercanías de la escena del crimen.
Además practicaba actos de canibalismo, en sus
declaraciones confesaría que le gustaba tragarse
las partes del cuerpo más blanditas... En 1981,
se convirtió en funcionario de abastecimiento
de una fábrica, y el trabajo, que le obligaba
a recorrer una buena parte de la región, le proporcionaba
la tapadera perfecta.
El Instituto Serbsky de Moscú diseñó
el perfil de un hombre ostensiblemente normal, probablemente
casado, con un trabajo regular, y por esperma hallado
en los cuerpos de sus víctimas, se supo que su
sangre era del grupo AB. El 14 de septiembre de 1984,
detuvieron a Chikatilo en el mercado de Rosstov, pues
en líneas generales encajaba con la descripción
del asesino, pero no pudieron demostrar nada más.
Chikatilo parecía un hombre respetable, y tras
hacerle un análisis de sangre, ésta resultó
ser de grupo A. Enseguida fue puesto en libertad sin
cargos. Por esas alturas, los archivos de la policía
contenían datos de unos 26.500 sospechosos. Cuando
apareció el cadáver número treinta,
los periódicos empezaron a dar noticias del posible
asesino en serie, quienes todos creían un retrasado
mental, a pesar que la policía no estaba de acuerdo,
pues la amplia dispersión del asesino indicaba
que éste disponía de un vehículo,
factor que en Rusia era eliminativo.
Chikatilo fue acusado de haber robado un rollo de linoleo
de su oficina, siete meses después con ese caso
aun pendiente, fue arrestado por comportamiento impropio
en la estación de autobuses de Rostov, fue sentenciado
a 15 días en prisión, pero la policía
creía que él era el asesino, así
que compararon la sangre de Chikatilo con el semen encontrado
en los cuerpos de las víctimas e inexplicablemente
no era el mismo tipo de sangre, fue sentenciado a un
año en cárcel por el robo del linoleo
pero el juez simpatizó con él y lo liberó
antes, el asesino estaba libre otra vez.
El 17 de octubre de 1990, volvió a matar en un
bosque cercano a la estación de Donlesjoz. Este
crimen absorbió a toda la policía local
y a una fuerza antidisturbios de 100 hombres. Pero dos
semanas después, Chikatilo volvió a actuar,
y ésta vez fueron unos 600 detectives los encargados
de investigar a lo largo de la línea de los bosques,
en dónde montaban guardia tres o cuatro oficiales
en los apeaderos más aislados.
El 6 de noviembre de 1990, uno de estos detectives,
el sargento Igor Rybakov, vio surgir del bosque un hombre
con traje y corbata. Mientras observaba cómo
éste se lavaba las manos en la fuente advirtió
que tenía un dedo vendado y una mejilla manchada
de sangre. Le pidió los documentos y elevó
un informe de rutina. Cinco días después
encontraban un nuevo cadáver en ese mismo lugar
el cual estimaron que llevaba muerto más o menos
una semana.
El homicida tenía que haber pasado por la estación,
y el culpable no podía ser otro que el sospechoso
del informe de Rybakov. Lo arrestaron el 20 de noviembre,
sospechoso de haber asesinado a 36 víctimas,
todos ellos mujeres y niños. Su esperma, aunque
no su sangre, sí era AB.
El fiscal general de la provincia de Rosstov emitiría
una orden de detención contra Chikatilo, efectiva
a partir del 20 de noviembre de 1990. Y ese mismo día,
en efecto, fue retenido por la KGB, mientras éste
con paso lento y senil decía "¿Cómo
pueden hacerle esto a una persona de mi edad?".
En los interrogatorios, afirmó que simplemente
era un ciudadano normal, que no había cometido
ningún tipo de delito, y que era objeto de una
persecución absurda por parte de la policía.
El 27 de noviembre prometió que estaba dispuesto
a aportar pruebas de sus crímenes si no continuaban
atosigándole con los interrogatorios que le recordaban
los detalles, y dos días después se derrumbó
ante un psicólogo a quién acabó
confesando 53 asesinatos. Posteriormente guió
a los investigadores a los distintos lugares con la
esperanza de que el número de muertes lo convirtiera
en un "espécimen de estudio científico".
Escribió una declaración firmada para
el Fiscal General, que decía: "Me detuvieron
el 20 de noviembre de 1990 y ha permanecido bajo custodia
desde entonces. Quiero exponer mis sentimientos con
sinceridad. Me hallo en un estado de profunda depresión,
y reconozco que tengo impulsos sexuales perturbados,
por eso he cometido ciertos actos. Anteriormente busqué
ayuda psiquiátrica por mis dolores de cabeza,
por la pérdida de memoria, el insomnio y los
trastornos sexuales. Pero los tratamientos que me aplicaron
o que yo puse en práctica no dieron resultados.
Tengo esposa y dos hijos y sufro una debilidad sexual,
impotencia. La gente se reía de mí porque
no podía recordar nada. No me daba cuenta que
me tocaba los genitales a menudo, y sólo me lo
dijeron más tarde. Me siento humillado. La gente
se burla de mí en el trabajo y en otras situaciones.
Me he sentido degradado desde la infancia, y siempre
he sufrido. En mi época escolar estaba hinchado
a causa del hambre e iba vestido con harapos. Todo el
mundo se metía conmigo. En la escuela estudiaba
con tanta intensidad que a veces perdía la consciencia
y me desmayaba. Soy un graduado universitario. Quería
demostrar mi valía en el trabajo y me entregué
a él por completo. La gente me valoraba pero
se aprovechaba de mi carácter débil. Ahora
que soy mayor, el aspecto sexual no tiene tanta importancia
para mí, mis problemas son todos mentales (...)
En los actos sexuales perversos experimentaba una especie
de furor, una sensación de no tener freno. No
podía controlar mis actos. Desde la niñez
me he sentido insuficiente como hombre y como persona.
Lo que hice no fue por el placer sexual, sino porque
me proporcionaba cierta paz de mente y de alma durante
largos periodos. Sobre todo después de contemplar
todo tipo de películas sexuales. Lo que hice,
lo hice después de mirar los vídeos de
actos sexuales perversos, crueldades y horrores."
Lo que la policía dedujo de esta declaración,
es que el asesino trataba de buscarse una posible salida
alegando enfermedad mental, una obsesión de tratamiento
psiquiátrico.
Los psiquiatras del Instituto Serbsky, no obstante,
lo veían como un sádico prudente que no
sufría ningún trastorno que pudiera impedirle
que sus actos estaban mal, que eran actos premeditados.
Por esa razón, en octubre de 1991, dieron a conocer
sus conclusiones, diagnosticando que el asesino estaba
"legalmente cuerdo". El juicio de Andrei Chikatilo
se iniciaba en abril de 1992, y duraría hasta
octubre de ese mismo año. Éste, con la
cabeza rasurada, presenció su juicio desde un
cubículo de metal. El primer día deleitó
a los fotógrafos esgrimiendo una revista porno,
pero más tarde, abatido, se quitó la ropa
y meneó el pene gritando: "Fijaos que inutilidad,
¿Qué os pensáis que iba a hacer
con esto?"
Los jueces no dudaron en anunciar el veredicto que
habían nominado: el 15 de octubre de 1992 fue
sentenciado a la pena capital, y fue ejecutado en la
prisión de Moscú el 16 de febrero de 1994.
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