En septiembre de 1986 es arrestado por
exhibicionismo indecente y desembocó a su primer
análisis psicológico, siendo diagnosticada
una personalidad peligrosa.
Un año después mataba por segunda vez.
Esta vez se trataba de un joven negro al que ofreció
una bebida dopada. Dahmer se despertó al día
siguiente encima de un cuerpo ensangrentado, pero afirma
no recordar nada de lo que pasó aquella noche.
Lo que sí revive es cómo tras levantarse
mete el cadáver en el armario y sale a comprar
una gran maleta para trasladar el cuerpo a casa de su
abuela. Allí cuenta que lo guardó en el
sótano y lo desmembró, envolviendo la
cabeza en una manta y guardándola en una estantería
para hervir más tarde el cráneo y blanquearlo.
Después de eso, Dahmer comienza a matar siempre
que tenía ocasión. Seguía el mismo
modus operandi: primero el flirteo ofreciendo dinero
a cambio de sexo, luego les ofrecía bebida con
somnífero y finalmente los estrangulaba. Después
de matar a su víctima se quedaba abrazando el
cadáver, pensando en cómo conservar las
cabezas y formar una especie de altar en la habitación
adornado con los huesos.
Dahmer seguía la predecible pauta de los asesinos
en serie. Empezó matando cautelosamente asustado
por sus crímenes. Luego el ritmo aumenta y se
convirtió en una máquina de matar más
efectiva. Está más que demostrado que
estos asesinos con el tiempo se vuelven arrogantes y
despreocupados convencidos de que no pueden ser apresados
por ningún ser mortal, creyendo tener máximo
poder y autoridad sobre los demás.
Dahmer mostraba muchas características de asesino
organizado: acechaba a sus víctimas, les engañaba
para llevárselos a su apartamento con la promesa
de dinero y favores y después de la muerte ocultaba
las pruebas de los crímenes, pero también
daba muestras de ser un criminal desorganizado: realizaba
actos sexuales con sus víctimas después
de la muerte, consumía su carne y sangre, las
mutilaba y conservaba algunas partes como recuerdos.
Esta mezcla de delincuente organizado y desorganizado
es lo que se denomina un asesino ´mixto´.
En una ocasión, una de sus víctimas logró
marcharse antes de que las drogas surtiesen efecto,
y la policía efectuó un registro de la
casa, pero afirmaron no haber hallado nada...
El 30 de enero de 1989 fue declarado culpable de atentado
contra el pudor en segundo grado, por seducir a un menor
de 13 años con propósitos indecentes,
y antes de comenzar a cumplir la condena de un año
de cárcel, mató otro joven, guardó
el cuerpo en el cuarto de baño y para su mayor
satisfacción sexual lo mutiló y le pintó
el cráneo con aerosol.
En marzo de 1990 se trasladó a vivir a un deteriorado
piso, en dónde adquirió una larga mesa
y dos grifos de plástico para extender los cuerpos
de sus víctimas. Allí tomaba fotos de
sus amantes con una cámara Polaroid una vez muertos.
Luego, congelaba los órganos, comía parte
de la carne y hervía el resto en una enorme olla
antes de echarlos en un gran contenedor de basura preparado
con ácido.
Normalmente, el caníbal rajaba los cuerpos desde
el cuello hasta la ingle frotando las vísceras
para procurarse un mayor placer sexual, pero llegó
un momento en que este placer no era suficiente y con
sus víctimas pensó en crear ´zombis´
o muertos en vida que pudiera conservar sin que se deteriorasen,
agujereando los cráneos e inyectándoles
un líquido.
A veces se bañaba en compañía
de los cadáveres. En la nevera guardaba los corazones,
en el congelador las cabezas, en el fichero los cráneos
y en la cama un cuerpo descompuesto. Así lo contaron
los policías que registraron su casa horrorizados
una vez que lograron arrestarlo el 23 de julio tras
la denuncia de otra víctima que logró
fugarse de su casa.
El joven, atado con unas esposas, había alertado
a la policía diciendo que un hombre con un cuchillo
le había amenazado con arrancarle y comerle el
corazón.
Cuando la última víctima escapó
de su apartamento en medio de la agresión, el
asesino aguardó tranquilamente a que llegara
la policía y no hizo ningún esfuerzo por
destruir u ocultar la gran cantidad de pruebas que guardaba
en su domicilio: centenares de fotografías de
sus víctimas tanto muertas como vivas, cráneos
y partes del cuerpo en bidones, cajas y en el congelador.
Según su abogado, si no se había resistido
es porque deseaba terminar con todo aquello. Deseaba
ofrecer a la policía una declaración completa
de lo que había hecho, puesto que no podía
culpar a nadie salvo a él mismo.
Según Park Dietz, psiquiatra forense que actuó
como consultor en el estudio sobre asesinos en serie
del FBI, Dahmer encaja perfectamente en la subcategoría
que se denomina ´marginal´: una persona
propensa a la furia asesina si cree que está
siendo abandonada, con una perversión capaz de
realizar actos sexuales con la víctima una vez
muerta. El desorden de esta personalidad marginal está
marcada por el miedo al abandono y la incapacidad de
tolerar el aislamiento o el aburrimiento. Una teoría
habitual es que puede relacionarse con abusos en la
infancia. La gente que teme el abandono puede sentirse
ultrajada cuando alguien que desean que se quede va
a marcharse. En este sentido, el asesino en serie normal
llega a serlo por su carácter antisocial o por
tener fallos de carácter y también a través
de desviaciones sexuales, normalmente sádicas
y necrofílicas.
Muchos niños que no reciben la atención
que ansían en casa, la buscan en la escuela.
Dahmer lo hizo con sus extravagancias y su comportamiento
muchas veces cómico, pero terminó siendo
marginado. No sólo se sintió fracasado
en su casa, también en la escuela, en la Universidad
y en el Ejército. Era evitado y humillado, puesto
de lado. Eso debió dejarle con una terrible sensación
de angustia y desamparo. Por ese motivo proyectó
sus sentimientos sobre sus víctimas. Las humillaba,
las descuartizaba y luego las dejaba de lado también.
El juicio comenzó el 27 de enero de 1992. Desde
el principio quedó claro que le impulsaba un
trastorno mental, a pesar de que él hacía
todo lo posible por disimular su trastorno.
Dahmer se mostró tan sincero y cooperador como
muchos otros asesinos en serie, sin embargo ni él
mismo podía entender cómo había
sido capaz de cometer todas aquellas atrocidades. Todos
los presentes pudieron darse cuenta de hasta qué
punto sus compulsiones y fantasías se habían
apoderado de su mente, empujándole a seguir asesinato
tras asesinato.
Después del veredicto habló por primera
vez al tribunal diciendo ´Señor juez, todo
ha terminado. Me siento muy mal por lo que hice a esas
pobres familia y comprendo su merecido odio. Asumo toda
la culpa por lo que hice. He hecho daño a mi
madre, a mi padre y a mi madrastra, pero les quiero
mucho.´
El Carnicero de Milwaukee fue sentenciado a un mínimo
de 900 años, pero murió en la cárcel
en 1994 asesinado a golpes por un recluso. Tras la noticia,
los padres de Dahmer se pelearon por la posesión
de su cerebro llegando incluso a enfrentarse ante los
tribunales. La madre deseaba vendérselo a un
hospital de investigación mental, mientras que
el padre sólo deseaba enterrarlo lejos de todo
el mundo y de su memoria.
También los parientes de sus víctimas,
representados por un abogado, consiguieron hacer negocio
con los utensilios utilizados por el asesino para trocear
y desangrar. Su nevera se subastó públicamente,
al igual que todo tipo de cuchillos, sierras, picadoras
y taladros.
Un grupo de ciudadanos de Milwaukee compró el
lote completo con intención de montar un ´museo
de los horrores´ para la atracción de los
turistas, pero al final no se atrevieron a llevar a
cabo el proyecto y destruyeron el macabro legado del
caníbal.
(La foto que podeis ver es la de una victima de Jeffrey,la
cual los policias la hallaron en casa de él en
ese estado..)
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