


Secuencia de la única
película filmada de un Bigfoot en California en
1967. Hasta el día de hoy se discute sobre su veracidad
o no. |
Bigfoots los Yetis del Norte de América
Informes Fidedignos acerca de "hombres bestia"
en el subcontinente americano se dieron a conocer ya
en 1830. Aunque para la información anterior
a 1900 tenemos que confiar en viejas crónicas
periodísticas, investigadores decididos han encontrado
algunas descripciones sugerentes de bestias muy similares
a las observadas en la actualidad. En 1851, por ejemplo,
un diario local publicó la historia de dos cazadores
de Greene County (Arkansas) que vieron un rebaño
perseguido por un "animal que tenía las
inconfundibles características del ser humano".
Era de gigantesca estatura, su cuerpo estaba cubierto
de pelo y su cabeza provista de largos rizos que tapaban
casi por entero cuello y hombros. El "hombre salvaje",
después de mirarlos fijamente durante un momento,
se volvió huyendo a gran velocidad con saltos
de tres a cuatro metros. Sus huellas medían unos
33 centímetros.
El cronista añadía que se pensaba que
el animal era "un superviviente del sismo que asoló
la región en 1811". En casi todos estos
primeros informes se consideraba a los hombres-bestia
como "hombres salvajes", suponiendo que eran
humanos que se habían refugiado en los bosques
y en cuyo cuerpo se había desarrollado un tupido
manto de pelo. Pero la moderna teoría evolucionista
considera esto improbable.
Esta observación, que tuvo lugar en Arkansas,
demuestra que las apariciones de piesgrandes no se limitan
a los estados del Noroeste (norte de California, Oregon,
Washington) y la Columbia Británica, donde se
han producido la mayoría de ellas. Aunque en
dichas regiones, con vastas zonas de montañas
boscosas, se ha originado más información
que en otras, piesgrandes o sus huellas han sido vistos
en casi todos los estados norteamericanos y en las provincias
canadienses. En Florida, muy lejos de lo que se considera
el territorio tradicional de los piesgrandes, se han
producido numerosas observaciones de "monos pestilentes"
en los últimos años.
Muchos informes se limitan a describir un hombre-bestia
apenas entrevisto en lugares boscosos. Pero existen
otros muy detallados que muestran ciertos rasgos característicos.
Al parecer, los piesgrandes son tímidos y no
gustan de la presencia de los humanos, aunque también
tienen una vena de curiosidad y a veces se acercan por
la noche a grupos que acampan en los bosques, contemplan
sus pertenencias y, ocasionalmente, balancean su caravana
o su coche. Esta conducta y antiguos informes sobre
la destrucción de campamentos de buscadores de
minerales ponen de manifiesto el deseo de ahuyentar
a los intrusos.
También han sido vistos merodeando cerca de
casas de campo y aldeas, atraídos probable mente
por la facilidad para conseguir comida. Pero, pese a
su aspecto terrible y a la conducta provocadora de sus
descubridores (cuya reacción es, con frecuencia,
disparar primero y preguntar después), los piesgrandes
no son agresivos con los humanos, existiendo muy pocas
noticias de que hayan causado daños.
A medida que avanza el siglo XX y crece el número
de personas que conocen la existencia de los piesgrandes,
las noticias sobre observaciones antiguas y recientes
van en aumento, y desde los años sesenta se dispone
ya de un vasto archivo de informes. Aunque es obvio
que esto se debía en parte a la mayor publicidad,
¿significaba también que los piesgrandes
eran vistos con mayor frecuencia? Como, a causa del
avance de la civilización, su hábitat
debe ir reduciéndose gradualmente, es lógico
suponer que su número disminuye. Quizá
sea esta presión sobre su entorno lo que los
fuerza a visitar lugares habitados en busca de alimentos,
lo que explicaría a su vez el aumento de las
observaciones.
El Bigfoot casebook (Registro de piesgrandes) contiene
unas 1 000 observaciones de los últimos 150 años,
y no es una colección completa. Según
las estimaciones, sólo se comunica una de cada
diez observaciones, o sea que pueden haber sido unas
10 000 durante dicho período. Existen también
numerosas noticias sobre grandes huellas de aspecto
humano que han aparecido por lo general en el barro,
la nieve o la arena, y que se supone que son de un piesgrandes.
Algunas veces, los investigadores que estudian los informes
han hallado también pelo o heces que podrían
pertenecer a un piesgrandes, pero los análisis
que se han hecho de estas sustancias no suelen ser concluyentes.
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Una selección de
algunas informaciones correspondientes al presente siglo
nos dará una imagen clara del piesgrandes y de
su conducta. En 1969 Albert M. Fletcher escribió
acerca de un encuentro que tuvo 50 años antes,
cuando era leñador en Washington.
En otoño de 1917, cuando tenía 17 años,
trabajaba como leñador en un campamento junto
al río Cowlitz, en el estado de Washington. Una
noche de luna iba caminando por una senda en dirección
a un baile, cuando tuve la incómoda sensación
de que algo me seguía de cerca. Miré varias
veces por encima del hombro, pero no vi nada. Cuando
llegué a una curva del camino, me escondí
detrás de un árbol y esperé para
ver de qué se trataba. Casi en seguida apareció
una criatura muy grande y de aspecto humano, que debía
medir unos dos metros o algo más.
Caminaba sobre las patas traseras, estaba cubierta
de pelo oscuro, tenía barba y un pecho amplio,
y, por lo que pude ver, no llevaba ningún tipo
de ropa. Sin salir de mi asombro, grité alarmado
y la criatura se volvió instantáneamente
y se alejó corriendo por el bosque, siempre sobre
las patas traseras. Cuando se lo conté a mis
compañeros, algunos se rieron, pero otros aseguraron
que habían visto lo mismo. Nadie tenía
una explicación, ni un nombre, pero todos estaban
de acuerdo en que era algo grande, con aspecto de mono,
y también en que se parecía a un hombre
muy fornido.
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Secuestrado por un
hombre-bestia
Otro informe, de 1924, relata algo que, de ser cierto,
constituye el encuentro más espectacular con
un piesgrandes entre los que se hallan registrados.
Albert Ostman afirma haber sido secuestrado por un piesgrandes,
que lo mantuvo cautivo varios días antes de que
lograra es capar. El secuestro tuvo lugar cerca de Toba
Inlet, en la Columbia Británica, en cuyas montañas
acampaba en busca de minerales. Una noche un piesgrandes
de unos 2,40 m lo cogió en su saco de dormir
y lo llevó por el campo durante lo que al incómodo
y asustado Ostman le parecieron tres horas.
Aún estaba oscuro cuando llegaron a su destino,
pero al amanecer Ostman pudo comprobar que había
cuatro piesgrandes, un macho y una hembra adultos y
un macho y una hembra infantiles. Durante su cautividad,
Ostman pudo estudiar la forma de vida de la familia
y pensar en el modo de huir. Pero todos sus intentos
fueron frustrados por "el viejo", como lo
llamaba él. Ostman tenía su rifle, pero
se resistía a hacer daño a las criaturas,
pues lo trataban bien. Finalmente pudo escapar dando
al "viejo" una gran cantidad de rapé,
que lo dejó incapacitado. Mientras el piesgrandes
corría a buscar agua, Ostman cogió sus
cosas y salió huyendo a toda velocidad.
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Comparativa con una maqueta del
tamaño de un Bigfoot. |
Los encuentros en los que el testigo
puede observar largamente y de cerca a la criatura son
los más interesantes. Un observador tranquilo
puede aportar mucho a nuestro conocimiento sobre la
materia. Uno de los mejores informes de este tipo fue
elaborado por William Roe, que vio a un piesgrandes
en la montaña Mica, en la Columbia Británica,
en octubre de 1955.
Roe estaba oculto en un matorral, de modo que el piesgrandes
-una hembra de 1,80 m de altura, 1 m de ancho y unos
135 kg. de peso- se acercó sin percatarse de
que era observado. Cuando estaba a unos seis metros
de distancia, se puso en cuclillas junto al matorral
en que se escondía roe, quien más tarde
escribió una cuidadosa descripción de
la cabeza, la cara y el pelo del piesgrandes, y de la
forma en que andaba. Por un momento se preguntó
si no se habría metido sin darse cuenta en un
set y estaba contemplando a un actor maquillado, pero
pronto descartó esta idea. Su informe continúa
así: Finalmente, esa cosa debió percibir
mi olor, porque me miró directamente a través
de un claro en el matorral. Una expresión de
asombro pasó por su cara. Me pareció tan
cómica que sonreí. Siempre en cuclillas,
retrocedió tres o cuatro pasos, después
se irguió por completo y marchó velozmente
por donde había venido. Me miró un instante
por encima del hombro, pero no con temor, sino como
si no quisiera entrar en contacto con algo extraño.
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Comparativa del tamaño de
una mandíbula humana y la de un Bigfoot. |
Roe consideró la posibilidad de disparar a lo
que hubiese resultado un ejemplar único y hasta
levantó su rifle. Pero no pudo hacerlo. "Aunque
en un principio lo había considerado un animal,
en aquel momento sentí que se trataba de un ser
humano, y supe que si disparaba nunca me lo perdonaría."
¿Humano o animal? Los testigos no están
seguros, y los investigadores tampoco. "Si tuviéramos
un cadáver para examinarlo", claman. Pero
los que consideran que lo importante es matar un piesgrandes
para probar su existencia de una vez para siempre, se
encuentran con la oposición de quienes piensan
que hay que dejar en paz a la criatura. ¿Qué
derecho tiene el hombre a cometer un asesinato para
satisfacer su curiosidad?
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Algunos informes sugieren
que alguien con la suficiente paciencia y calma podría
incluso hacerse amigo de un piesgrandes. En el otoño
de 1966, una pareja que vivía cerca de Lower
Bank, en Nueva Jersey, encontró huellas de 43
cm de longitud cerca de su casa, y más tarde
vieron una cara que asomaba por una ventana situada
a más de dos metros de altura. Durante algún
tiempo fueron dejando con regularidad restos de verduras,
que el piesgrandes consumía, pero una noche en
que se olvidaron el visitante demostró su irritación
arrojando un cubo de basura contra la pared. Un tiro
al aire no lo asustó, y el hombre disparó
al cuerpo del piesgrandes, que huyó para no volver
más.
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Nueve metros de vacilante película en color
de 16 mm conmovieron al mundillo de los buscadores de
piesgrandes en 1967. Los interrogantes que planteaba
la cinta aún no han sido desvelados a satisfacción
de todos. Detrás de la cámara se hallaba
Roger Patterson, que en octubre de ese año cabalgaba
con Bob Gimlin por los remotos bosques de la región
de Bluff Creek, en el norte de California, en busca
de rastros de piesgrandes. Sus caballos retrocedieron
atemorizados cuando se hallaron de improviso frente
a un piesgrandes hembra, en cuclillas junto a un arroyo.
Patterson desmontó de un salto, tomó su
cámara y echó a correr tras la figura
que se alejaba. Antes de perderse de vista entre los
árboles, el piesgrandes se volvió para
mirar a los hombres. El famoso fragmento de película
ha sido analizado numerosas veces desde 1967, pero aunque
nadie haya podido probar que sea una falsificación,
los hombres de ciencia se muestran escépticos
sobre el particular.
Esto puede deberse a cautela natural, o al curioso
argumento de que "los piesgrandes no pueden existir;
por lo tanto, no existen". Entretanto, la criatura
continúa apareciendo con regularidad en América
del Norte, alarmando, aunque sin hacer daño,
a los testigos, que invariablemente son cogidos por
sorpresa, e intrigando a todos aquellos que meditan
acerca de su existencia. |

Tamaño de una huella humana
y un Bigfoot. |
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