No obstante esto no impidió
a los jueces creer en su confesión. Por el contrario,
declararon: "Se puede muy bien suponer que el cinturón
ha ido a manos del diablo de quien provino". Y
la venganza fue terrible. Le condenaron a tener su cuerpo
atado a la rueda, y le aplicaron tenazas al rojo sobre
diez puntos distintos de su cuerpo hasta caerle la carne
de los huesos; después de esto le rompieron los
brazos y piernas con un hacha de madera, para finalmente
cortarle el cuello en redondo y, luego, reducir su cuerpo
a cenizas.
A pesar del fanatismo y la fantasía de los inquisidores
con los delirios del hombre lobo, tampoco se puede destacar
que Stubbe cometiese los actos que describe en sus declaraciones,
pues en algunos de estos casos, sólo el verdadero
culpable de los crímenes podía haber proporcionado
con exactitud la descripción de algunas de las
mutilaciones en determinadas víctimas.
Lo que sí es cierto, es que el asesino de las
dieciséis víctimas tenía atemorizada
a toda la región alemana, y el proceso del presunto
culpable ganó enorme atención por parte
de las gentes del lugar.
Estas son algunos fragmentos
de dicho documento:
" Discurso verdadero declarando
la vida condenable y la muerte de un tal Peter Stubbe,
un terrible y malvado hechicero, que bajo la forma de
lobo cometió muchos asesinatos, continuando esta
práctica doble durante veinticinco años,
matando y devorando hombres, mujeres y niños.
El cual, por tales hechos fue apresado y ejecutado el
31 de octubre pasado en la Torre de Bedburg, cerca de
la ciudad de Colonia, en Alemania:
En las ciudades de Cperadt y
Bedburg, en la alta Alemania, se crió y nutrió
un tal Peter Stubbe, que desde su juventud se sintió
grandemente tentado al mal, y practicó las malas
artes entre los doce y los veinte años, siguiendo
así hasta hoy, sumergiéndose en los conocimientos
de la magia, la nigromancia, la hechicería, y
trabando conocimiento con muchos espíritus infernales...
... este gran pecador no deseaba
riquezas ni ascensos, ni menos se satisfacía
su fantasía con ningún placer externo,
sino que poseyendo un corazón tirano y una mentalidad
cruel y sangrienta, que estaba dispuesto a acometer.
El Demonio, que comprendió que sería un
instrumento adecuado para realizar todas las maldades
posibles, un arma de destrucción, le entregó
una faja que debía ponerse para transformarse
en un voraz lobo, fuerte y poderoso, de ojos enormes
y brillantes, que en la noche relucían como tizones
encendidos, una boca ancha y profunda, con colmillos
agudos y crueles, un cuerpo inmenso y aceradas garras.
Y tan pronto como se quitase la faja volvería
a adoptar su verdadera forma humana...
... Peter Stubbe se mostró
muy complacido, ya que la forma de lobo armonizaba con
su fantasía y su naturaleza, inclinada a la sangre
y la crueldad, viéndose satisfecho con este don
extraño y diabólico, ya que no podía
acarrearle mal alguno, puesto que la faja podía
ser escondida en cualquier sitio reducido. Así
pasó a la consumación de los más
viles y repugnantes crímenes, ya que si alguna
persona le enojaba, al momento ansiaba tomarse cumplida
venganza, merodeando por la ciudad y sus alrededores
en forma de lobo, no descansando hasta haberle destrozando
la garganta a su víctima y desmembrarla. Gozaba
tanto con la vista de la sangre, que empezó de
noche a vagar por los campos, ejecutando extremas crueldades.
Y de día iba ataviado por las calles como los
demás, bien conocido por todos los habitantes,
siendo a veces saludado por aquellos cuyas amigas e
hijas había asesinado, sin que nadie sospechase
de él. En estas poblaciones vagaba arriba o abajo,
espiando por si divisaba a alguna doncella, esposa o
hija, que agradase a sus ojos y encendiese la pasión
en su corazón, tras lo cual acechaba la ocasión
en que su víctima salía de su población,
particularmente si lo hacía sola, echando a correr
tras ella, y con toda crueldad la asesinaba; también
a veces, merodeando por los campos o los bosques, veía
a varias jóvenes juntas, jugando o descansando,
y de repente en su forma de lobo, se abalanzaba sobre
ellas, y mientras las otras huían, él
apresaba a una, y una vez realizada su lasciva hazaña,
la asesinaba, y si le había gustado alguna de
sus compañeras corría en su busca por
todas partes y la separaba de las demás, pues
tal era su velocidad y rapidez de movimientos gracias
a su forma de lobo, que podía vencer a cualquier
sabueso de la región; y tanto practicó
estas maldades que toda la provincia empezó a
temerle, espantados de aquel lobo siniestro y ávido
de sangre. Así continuó sus diabólicas
y condenables hazañas durante unos cuantos años,
asesinando a trece jovencitas y a dos mujeres en cinta,
a las que abrió en canal para quitarles los fetos,
comiéndose sus corazones sangrientos y palpitantes,
que para él eran exquisitos bocados que amortiguaban
su feroz apetito...
...solía matar a menudo
corderos y ovejas, como hacen los lobos, alimentándose
con su sangre y la carne cruda, como si fuese un lobo
auténtico, de forma que todos los que vivían
en aquellos parajes le temían como a una alimaña...
...mucho tiempo continuó
su villana existencia, a veces en disfraz de lobo, otras
como hombre, ya en las poblaciones, ya en los bosques
y espesuras, donde una vez llegó a encontrarse
con dos hombres y una mujer, a quienes deseó
grandemente asesinar, para lo cual, y como conociera
a uno de ellos por el nombre, se escondió entre
unas matas, y lo llamó en voz alta. El aludido
tendió la vista en derredor, y al no ver a nadie,
fue a investigar por entre los arbustos, abalanzándosele
el lobo y matándolo en el acto. Transcurridos
unos minutos, y como el hombre no volviera junto a la
otra pareja, el otro individuo internóse por
la espesura con ánimo de buscarlo, ocasión
que ya acechaba el infame lobo para repetir su hazaña.
Pero no se libró tampoco la mujer, ya que al
verse sola y desamparada en el bosque, echó a
correr, pero el lobo logró alcanzarla y se precipitó
sobre ella atacándola sexualmente. Lo cierto
es que jamás volvió a encontrarse el menor
rastro de esta pobre víctima, aunque sí
los cuerpos mutilados y devorados de sus compañeros.
Así vivió durante
veinticinco años Peter Stubbe, sin que nadie
sospechase que era el autor de tantas muertes y crueldades,
durante cuyo tiempo asesinó y devoró a
gran número de hombres, mujeres, niños,
ovejas, corderos, cabras y otro ganado, ya que cuando
le faltaban las víctimas humanas hacía
presa en los animales...
...los habitantes de Colonia
y Bedburg empezaron a salir de casa siempre armados
a fin de poder repeler en caso necesario los ataques
del lobo...
...todos los habitantes tenían
grandes perros al acecho de la fiera, hasta que por
fortuna lograron acorralarle, de modo que viéndose
el lobo perdido, arrojó lejos de sí la
faja, apareciéndose en forma humana con un cayado
y yendo en dirección a la ciudad. Pero los hombres
que seguían a los perros no se dejaron engañar
y lo apresuraron. Poco después fue llevado a
la ciudad de Bedburg, pero temeroso del tormento, voluntariamente
confesó todas sus maldades, cometidas en el espacio
de veinticinco años, confesando asimismo que
el Diablo habíales entregado la faja, que arrojara
en el valle antes de ser apresado; los magistrados enviaron
a buscar la faja, que no fue hallada. Ya que el Diablo,
habiendo logrado su propósito, la perdición
de su aliado, le dejó entregado a los horrores
del tormento.
Tras haber estado preso cierto
tiempo, los magistrados examinaron el caso escrupulosamente,
señalando que su hija Bell Stubbe y su comadre
Katherine Trompin eran accesorios a los crímenes
cometidos, siendo condenadas juntamente con Peter Stubbe
el 28 de octubre de 1589.
Peter Stubbe, como principal
encartado y malhechor, fue condenado a la rueda, siéndole
quemada la carne con hierros candentes en diversos lugares
del cuerpo, tras lo cual debían rompérsele
las piernas y los brazos mediante hachas, separada la
cabeza del cuerpo y reducidos los restos a cenizas.
Su hija y su comadre también
debían ser reducidas a cenizas la misma hora
del mismo día. Y el 31 de aquel mes, sufrieron
la muerte acordada en la ciudad de Bedburg, en presencia
de muchos pares y príncipes de Alemania.
Así, buen lector, te he
hecho relación del verdadero discurso de este
hombre malvado que era Peter Stubbe, que deseo sirva
de advertencia y escarmiento a todos los hechiceros
y brujas, que ilegalmente siguen a sus imaginaciones
diabólicas hasta la ruina y destrucción
de sus almas eternamente, por lo que ruego a Dios custodia
a todos los hombres de bien, y a todos los corazones
los proteja del mal.
Amén."
Después de la ejecución, se instaló,
como advertencia de los magistrados de la ciudad de
Bedburg, un poste al que se ató el cadáver
de Stubbe, colgándose en lo alto la cabeza, y
un dibujo en forma de lobo como recuerdo de sus muchos
crímenes, con dieciséis piezas de madera
de un metro de largo como representación de las
dieciséis víctimas conocidas de ese "hombre
lobo". Al mismo tiempo, se ordenó que debería
erigirse un monumento en memoria de los asesinatos allí
cometidos.
Como bien expresaba un historiador acerca de este,
posiblemente, injusto proceso: "Es interesante
observar la facilidad con que las personas, por otra
parte inteligentes, racionalizaban lo imposible y hacían
que evidencias negativas se convirtieran en pruebas
positivas..." |