
La guillotina inventada por el Doctor Guillotin fue usada
durante la Revolución francesa. |
La Decapitación Recientemente
y tras las barbaras ejecuciones de personal civil de
naciones que enviaron tropas a la guerra de Irak a manos
de terroristas se han vuelto a abrir dudas y debates
sobre la capacidad del cuerpo y la cabeza de mantenerse
con vida por un tiempo.
Teorías sostienen que la cabeza podría
mantener la consciencia durante algunos minutos, minutos
durante los cuales el decapitado podría darse
de cuenta de todo lo que le rodea e incluso sufrir dolor,
la cirugía moderna ha demostrado que un cerebro
no irrigado puede "seguir pensando" durante
varios minutos, asi mismo el cuerpo parece no perder
del todo "su vida", el corazón de un
decapitado puede seguir latiendo hasta 25 minutos después
de separarse la cabeza, es de todos bien conocido que
una gallina al arrancarsele la cabeza puede incluso
salir corriendo, como si el cuerpo tratase de huir.
Durante la revolución francesa la decapitación
era un acto comun entre los ejecutados, la guillotina
era el metodo más rápido e indoloro (según
la Academia de Cirugía de la época), el
dolor tan solo duraba las escasas milesimas de segundo
que la cuchilla tardaba en seccionar por completo la
cabeza y la muerte se producía por dos causas
la inhibición y la asfixia, por lo cual la perdida
de consciencia era inmediata.
El fisiólogo Paul Loye elaboró un estudio
en aquella época sobre cientos de casos de decapitación
por guillotina. Se dedicó durante un tiempo a
seguir de cerca todas las ejecuciones de las que pudo
tomó nota y de sus estudios elaboró un
libro "La Mort par Décapitation".
Estos son alguno de sus escalofriantes apuntes... |
| La
Muerte por decapitación por Paul Loye
I. Ha sido gracias al avance iluminador de la ciencia
que se ha podido implementar un sistema tan eficaz y
limpio como este. A juicio, de mi colega el destacado
Doctor Guillotin, con quien he tenido el gusto de intercambiar
ideas y reflexiones, en los pasillos de la Academia
de Cirugía, la invención de su instrumento
asegura a la víctima un dolor casi imperceptible.
Apenas las escasas fracciones de segundo, que tarda
la cuchilla en cortar la cabeza.
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II. Con mucha frecuencia el condenado,
sufre un síncope antes del momento fatal. Por
tanto, cuando el verdugo lo decapita es prácticamente
ya un cadáver. Compartirán conmigo que
la angustia, y la ansiedad son estados que muchas veces
nos juegan en contra.
III. Las diversas entrevistas que he efectuado a verdugos
confirman este dato. En ellas, los ejecutores me han
señalado, que de cada 10 sujetos, apenas uno
iba más o menos íntegro al suplicio. Mientras
que el resto se encontraba ya medio muertos cuando subían
al cadalso. Parecían más bien, según
estos, una masa inerte y carente de fuerzas. Esto avalaría
mi teoría acerca, de que el verdadero dolor no
lo sienten al ser guillotinados, sino en los momentos
previos la muerte. Se trataría de un dolor moral,
nada más que eso.
IV. Pero no pensarán que me he limitado solo
a observar. También he dedicado muchas horas
de investigación a experimentar con animales.
Guiado por la intención sincera de demostrar
que tal método constituye un enorme progreso
en relación a otras técnicas precarias
como: La estrangulación, la horca, la hoguera,
y especialmente el descuartizamiento, el que por su
total carencia de sutileza, ni siquiera debiese ser
mencionado. En fin.
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El hecho de saber que uno va a ser decapitado es terrorífico. |
V. Debo admitir, sin embargo,
que persisten ciertas dudas. Últimamente, se
ha venido propagando la absurda idea de que la cabeza
continuaría pensando y sufriendo incluso separada
del cuerpo. Anatomistas de gran prestigio se han sumado
a tan tamaña estupidez. Han afirmado que la cabeza
conservaría por unos segundos o minutos sensibilidad
y pensamiento. Basando tal brutalidad en algunos movimientos
y espasmos espontáneos, que significarían
según ellos una clara manifestación de
dolor tanto del cuerpo como de la cabeza tras la decapitación.
Agregan, en lo que yo veo como una campaña de
desacreditación, la sensación de pertenencia
que experimentan algunas personas luego de la amputación
de alguno de sus miembros, aún después
de largo tiempo de haber sido intervenidos.
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El cerebro puede seguir activo varios minutos después
de la decapitación e incluso seguir sintiendo dolor. |
VI. Reconozco que en la serie de pruebas con animales,
a los cuales he decapitado, se observan contracciones
en la lengua, ojos y labios. Por ejemplo, ayer al tocar
la córnea de una gallina, el párpado se
cerró. Pero esto responde simplemente a un acto
reflejo, ya que al producirse la decapitación
se llega a una nivel de asfixia con tensión arterial
cero. Esto afirma mi hipótesis de que tales movimientos
son puros artificios biológicos. La decapitación
mata sin agonía, en perfecta calma, anulando
el poder reflejo y el automotor. La hemorragia súbita
hace caer la tensión a 0 en 1/10 de segundo y
paraliza la conciencia, la voluntad, y la sensibilidad.
VII. Según mi análisis la muerte se produciría
por un doble mecanismo: a) por asfixia y b) por inhibición.
La pérdida de conciencia, es sin lugar a dudas,
y contraria a la opinión de mis detractores:
instantánea. En cuanto a la cabeza en sí,
es necesario acotar que una vez separada del cuerpo,
conserva una calma absoluta por dos o tres minutos,
tras ese periodo sobrevienen solo en algunos casos,
movimientos extraños en la cara, apertura o cierre
de la boca, entre otros. Le he solicitado, a algunas
personas para fundamentar aún más mi teoría,
que después de la decapitación me guiñen
un ojo, como prueba que aún están conscientes.
Obviamente, adivinarán que ninguno de ellos pudo
cumplir lo prometido.
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| Aunque les parezca sorprendente,
otros han ido más lejos que yo. En un espectáculo
que califico como cruel y de mal gusto, se han atrevido
a realizar públicamente una transfusión
sanguínea a una cabeza ya decapitada. Tal experimento
inhumano y tan o más indigno como los crímenes
que pudo haber cometido el ajusticiado no tuvo como era
de esperar, resultado alguno. Pero es en la preparación
previa que se tuvo que hacer de la víctima lo que
me parece más escalofriante, ya que para efectuar
la transfusión, han tenido que practicar todavía
vivo el condenado, la desanudación de las carótidas
con la colocación en ellas de una cánula
adecuada para el paso de la sangre transfundida a la cabeza.
Al parecer, la crueldad de la naturaleza humana será
siempre capaz de superarse a sí misma. |
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