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La presencia parece especialmente obsesionada por Katie,
una estudiante que toda su vida se ha sentido "poseída".
Su novio Micah, operador de bolsa, se obsesiona con investigar
a fondo el fenómeno. Conocedor de las tecnologías
y amante de los gadgets, Micah compra una cámara
de vídeo de alta definición que coloca a
los pies de la cama.
La llegada del nuevo juguete de Micah parece desencadenar
una mayor actividad paranormal y Katie se da cuenta de
que a la presencia "no le ha gustado". A medida
que la cinta avanza, Katie se vuelve más distante,
mientras que la fascinación de Micah va haciéndose
más obsesiva.
Cineasta por necesidad, Micah resulta ser tan tenaz -y
profano- como Heather en El proyecto de la bruja de Blair.
Sin embargo, su distinto punto de vista -el de un hombre
que defiende su hogar- confiere una desesperación
muy particular a este nuevo tipo de trabajo documental.
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